Lo prometido es deuda
Hablemos de ética y virtud.
Don Quijote, que le promete a Sancho ser gobernador de cuantas tierras e ínsulas conquistase, juega con la sensibilidad del débil siendo él una persona muy leída y culta, se aprovecha de su escudero y es igual como muchos se aprovechan de la debilidad de los demás prometiendo lo que no pueden cumplir para la obtención de favores caros.
Existen empresarios que emplean a personas sin papeles, y aún a sabiendas de lo grave del hecho lo hacen para ahorrarse unos duros, conociendo la debilidad de las personas que puestas en una mala situación casi todos rechazan denunciar, a pesar de así obtener el premio de la residencia legal.
Todos hemos experimentado esa situación de en nuestra vida, alguien que ejerciendo su poder ha doblegado nuestra voluntad, e incluso nos ha engañado a base de trepas emocionales que han negado nuestra capacidad de juicio, sobre todo cuando jóvenes sin experiencia y a veces aún conociendo la falta, no hemos sido capaces de decir no y prolongar nuestra pasividad.
Pero es solamente a base de estas situaciones y experiencias cuando como nuestra cordura se sostiene en la vida adulta, a base de decir no rápido y a tiempo a todo aquello que nos pueda irritar.
No todo el mundo cuenta con la misma idea de justicia, ni comparten los mismos valores con nosotros, ni con la sociedad.
Y es en las diferencias donde nacen la virtud y el orden.
El choque de cultura no hace que sepamos menos, sino al revés, que lo utilicemos como un enriquecimiento necesario.
Ya lo escribía Cervantes hace cuatro siglos, ya lo decían los griegos hace más de dos milenios.
Lo peor de la condición humana es siempre palpable, lo bueno no tanto.
¿Para qué sirve la razón? ¿de qué nos sirve tener conciencia?
Demos gracias a que somos una especie y raza social que se rige por reglas morales no escritas.
Y así como a veces perdamos la razón, tengamos la cordura y la valentía de no usar a los demás por mucho poder o insuficiencia exista para la sinrazón.

